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title: "Cuando la Tierra se Mueve, la Emergencia Cambia: El Desafío Natech en la Infraestructura Crítica y Energética de Argentina"
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date_published: "2026-08-13T07:00:00-03:00"
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tags:
  - "Argentina"
  - "Gestión Integral de Riesgos"
  - "Infraestructura Crítica"
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  - "Sismos"
author_name: "RN"
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category_name: "Infraestructura"
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category_description: "Todas las novedades en gestión del riesgo en materia de desarrollo sustentable"
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# Cuando la Tierra se Mueve, la Emergencia Cambia: El Desafío Natech en la Infraestructura Crítica y Energética de Argentina

Sismos de gran magnitud registrados recientemente en la región —como los eventos que sacudieron a Colombia y Venezuela— no constituyen hechos aislados ni meras estadísticas geológicas. Para quienes se desempeñan en el ámbito de los materiales peligrosos, la seguridad industrial y la respuesta a emergencias, estos episodios funcionan como un recordatorio persistente de que un terremoto nunca se limita a ser un problema de cálculo estructural. Cuando el suelo colapsa en una zona con alta presencia de instalaciones complejas, el fenómeno natural puede transformarse en cuestión de segundos en un evento Natech, concepto que define a los accidentes tecnológicos desencadenados por amenazas naturales. La interrogante habitual en los comités de seguridad suele indagar si una estructura resistirá la aceleración del terreno, pero la pregunta crítica y verdaderamente incómoda para la planificación operativa exige cuestionar si se podrá responder en el momento en que un sismo dañe la instalación y, en el mismo instante, degrade los sistemas, servicios y recursos necesarios para contener el incidente.

En la teoría de la seguridad industrial, los planes de respuesta asumen implícitamente un entorno estable dotado de presión constante en las redes de agua contra incendios, energía eléctrica auxiliar disponible, vías de acceso transitables para las brigadas especializadas y comunicaciones operativas. El impacto sísmico rompe drásticamente este supuesto al provocar rupturas en conducciones principales por deformación del suelo, aislamiento logístico por colapso de puentes o deslizamientos sobre rutas, e interrupción de las telecomunicaciones y el suministro eléctrico. Bajo este escenario de fallo simultáneo, la contención inicial queda constreñida a los recursos inmediatos del sitio, en un contexto donde las capacidades operativas públicas se encuentran volcadas prioritariamente al rescate urbano.

Esta vulnerabilidad sistémica cobra especial relieve al examinar el mapa productivo de las provincias argentinas, donde conviven diversas cuencas mineras e hidrocarburíferas. En el Noroeste argentino, comunas cordilleranas de Jujuy como Susques o de Salta como Los Andes albergan la expansión de la minería de litio y grandes proyectos metalíferos en zonas de alta sismicidad asociadas a la subducción de la placa de Nazca. Un movimiento del terreno que comprometa la estabilidad estructural de un dique de relaves o genere licuefacción de suelos provocaría una liberación masiva de efluentes en áreas caracterizadas por una extrema distancia respecto a los centros urbanos de respuesta principal. Si las rutas de montaña sufren desprendimientos, el apoyo externo tardará días en consolidarse, obligando a una gestión autónoma prolongada.

Hacia la región de Cuyo, la provincia de Mendoza presenta una elevada densidad de instalaciones críticas sobre zonas de alta peligrosidad sísmica. Municipios como Luján de Cuyo y San Rafael concentran plantas de refinación, complejos petroquímicos, depósitos de almacenamiento de químicos pesados y red de ductos de alta presión. En estos puntos, un terremoto no solo puede originar eventos de gran magnitud como incendios por sobreebullición o fugas tóxicas, sino que el daño paralelo sobre las redes públicas de agua y las vías de comunicación hacia los centros hospitalarios nodales limitaría severamente las maniobras de mitigación desde el inicio del evento.

En la cuenca neuquina, localidades de Neuquén como Añelo o Rincón de los Sauces y de Río Negro como Catriel sostienen la logística del desarrollo no convencional. La densa red de oleoductos y gasoductos cruza cauces hídricos fundamentales como los ríos Neuquén y Negro. Ante una fractura en un ducto provocada por sismicidad natural o inducida, el fallo simultáneo en los sistemas de corte automático por falta de energía o falla de telemetría derivaría en derrames sobre fuentes de agua potable, paralizando el suministro a múltiples municipios ubicados aguas abajo. Asimismo, en el extremo sur, comunas patagónicas de Santa Cruz como Puerto San Julián, Gobernador Gregores o la cuenca de Río Turbio operan minería metalífera e hidrocarburos bajo condiciones climáticas rigurosas. En ese contexto, la posible afectación de contenciones primarias ante la presencia de fallas activas se ve agravada por temperaturas bajo cero y vientos extremos que reducen la eficacia del equipamiento de respuesta convencional.

El análisis del riesgo sísmico en infraestructuras complejas adquiere una dimensión aún más delicada al contemplar el sector de generación eléctrica, como ocurre en la Central Nuclear Embalse, ubicada en la costa sur del embalse del Río Tercero en la provincia de Córdoba.  La planta se halla en las proximidades del sistema de fallas geológicas de las Sierras Chicas, como la falla Santa Rosa, cuya actividad neotectónica ha sido objeto de diversos estudios geológicos para determinar su potencial sismogénico.  En este escenario, el riesgo no solo radica en la respuesta directa del reactor y sus sistemas de contención radiológica ante un movimiento de diseño, sino en la interacción entre la instalación y el cuerpo de agua adyacente.

La presencia del embalse configura un riesgo de doble vía ante un evento geológico de magnitud. Por un lado, una falla estructural en la presa de derivación provocada por un sismo o por procesos de licuefacción podría comprometer el suministro ininterrumpido de agua de refrigeración, requerida para la disipación del calor residual. Por otro lado, un fallo en las contenciones del embalse o un desplazamiento en la masa de agua podría generar inundaciones en la infraestructura de la planta o degradar las subestaciones y vías de evacuación locales, interrumpiendo las fuentes de energía externa de la central. Esta convergencia entre riesgo hídrico, sismotectónico y tecnológico ejemplifica la máxima complejidad de los escenarios Natech, donde la pérdida de la fuente de enfriamiento y la inhabilitación del acceso terrestre pueden ocurrir en forma simultánea.

La experiencia internacional demuestra que la mitigación de estos desastres transversales no se resuelve únicamente incrementando los coeficientes de seguridad estructural en el diseño inicial. Requiere reconfigurar la gestión del riesgo mediante la incorporación de simulaciones que contemplen la pérdida masiva de servicios auxiliares, el despliegue de sistemas de aislamiento pasivos con mecanismos de falla segura que no dependan de redes externas, y una integración operativa real con las comunas locales para asegurar rutas de evacuación alternativas y protocolos de respuesta autónoma frente al colapso coordinado de los recursos de la región.

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