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title: "El Riesgo Climático Extremo y la Vulnerabilidad del Mercado Asegurador frente al «Super Niño»"
article_type: "AnalysisNewsArticle"
description: "Radiografía de una Tormenta Perfecta: Cuando el Cambio Climático Choca con la Fragilidad Macroeconómica del Cono Sur."
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date_published: "2026-09-03T06:13:00-03:00"
date_modified: "2026-09-03T06:18:53-03:00"
tags:
  - "Argentina"
  - "Complejidad Operativa"
  - "Cono Sur"
  - "Crisis Climática"
  - "El Niño"
  - "Mercado Asegurador"
author_name: "RN"
category_name: "Mercado Asegurador"
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category_description: "Toda la información del mercado Asegurador"
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# El Riesgo Climático Extremo y la Vulnerabilidad del Mercado Asegurador frente al «Super Niño»

Las proyecciones climáticas internacionales han encendido las señales de máxima alerta en el Cono Sur tras confirmarse una probabilidad récord en torno al 95% de un evento climático extraordinario asociado al fenómeno de El Niño. Con la previsión de más de 110 días de tormentas severas y anomalías hídricas persistentes, la industria aseguradora argentina e internacional enfrenta un escenario crítico que trasciende la mera contingencia estacional para configurarse como un riesgo sistémico de gran envergadura.

A diferencia de los ciclos convencionales, este fenómeno se despliega en un contexto de aceleración térmica global donde los modelos hidrometeorológicos advierten sobre desbordes fluviales masivos y colapsos en la infraestructura urbana. Las carteras expuestas a riesgos catastróficos en regiones de alta densidad productiva y demográfica —con especial énfasis en la franja del Litoral, la provincia de Buenos Aires y la región central— sufren una presión inusitada que desborda las estructuras tradicionales de cálculo y obliga a replantear la suficiencia técnica de las primas y la estabilidad de las reservas.

Sin embargo, el análisis del mercado asegurador argentino no puede eludir las profundas restricciones de su contexto macroeconómico. La operación local se debate entre la necesidad de cubrir carteras masivas bajo una alta volatilidad inflacionaria y las severas dificultades para trasladar los verdaderos costos del riesgo a una economía de ingresos comprimidos, donde la contratación de seguros voluntarios —como las pólizas agrícolas y de hogar— sufre recortes drásticos por parte de una población enfocada en la supervivencia financiera cotidiana. A esto se suma el cuello de botella normativo y operativo en la transferencia de divisas para el pago de reaseguros internacionales, un eslabón vital que deja a las compañías locales expuestas a mayores retenciones de riesgo con un capital de solvencia frecuentemente debilitado.

Frente a este escenario de tensión financiera y técnica, las opiniones en la plaza especializada divergen notablemente. Por un lado, **Julio Freixedes, titular de JF Seguros (Boutique de Seguros)**, señala la complejidad operativa que enfrentan los intermediarios ante la asfixia de primas depreciadas y costos de reaseguro restrictivos, una visión respaldada por **Peter Sundheimer, titular del Programa City Risk-70**, quien advierte que la crisis climática actual desnuda la profunda desconexión entre la arquitectura financiera del seguro, la fragilidad fiscal y la ausencia de basamentos preventivos en los gobiernos subnacionales. En la vereda opuesta, el **Consejo Consultivo Empresarial de la Red de Ciudades Emergentes** —espacio corporativo que articula la relación entre el sector privado y los gobiernos locales— argumenta que el mercado nacional posee márgenes operativos y herramientas técnicas suficientes para amortiguar el impacto, siempre y cuando se agilice la adopción de esquemas financieros dinámicos y se profundice la colaboración público-privada.

Para sortear las ineficiencias de los esquemas tradicionales de liquidación ante desastres masivos, la industria ha volcado expectativas teóricas en los seguros paramétricos. Estos instrumentos agilizan la liquidez mediante pagos automatizados ante la verificación objetiva de parámetros físicos externos —como milímetros de lluvia o umbrales de desborde medidos por satélite—, prescindiendo de la peritación física individual. No obstante, este modelo tecnológico lidia con el denominado «riesgo de base», es decir, la discrepancia inevitable entre el indicador satelital y la pérdida real del productor, lo que suele derivar en fricciones legales en mercados con baja cultura de aseguramiento.

En paralelo, los reaseguradores globales observan a Sudamérica con extrema cautela. La alta frecuencia de eventos extremos en el hemisferio sur encarece de manera exponencial las primas de retrocesión, obligando a las entidades locales a absorber un volumen de riesgo que excede sus capacidades técnicas óptimas.

Frente a este complejo entramado, la viabilidad a largo plazo de las coberturas climáticas en el país exige que la Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN) y las cámaras sectoriales lideren un rediseño normativo de solvencia, articulando de manera directa con los ministerios de infraestructura la ejecución de obras hídricas subnacionales que mitiguen el riesgo sistémico de base.

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