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title: "El estallido hídrico en los Andes: Diques de colas ante la prueba de fuego del \"Super Niño\""
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description: "Entre vacíos legales, pasivos abandonados y el riesgo de colapso hidrogeológico, la megaminería metalífera argentina enfrenta su mayor desafío de estabilidad geotécnica en la Cordillera."
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date_published: "2026-09-14T07:27:00-03:00"
date_modified: "2026-09-14T07:31:14-03:00"
tags:
  - "Argentina Minería"
  - "Dique de Relave"
  - "Diques de Cola"
  - "Super Niño"
author_name: "RN"
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category_name: "Comunidades Seguras"
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category_description: "Toda la información necesaria sobre ciudades que implementan programas de Gestión del Riesgo de Desastres"
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# El estallido hídrico en los Andes: Diques de colas ante la prueba de fuego del "Super Niño"

La combinación de temperaturas elevadas e intensas precipitaciones torrenciales en la alta montaña —el temido fenómeno hidrológico de lluvias cálidas sobre mantos de nieve acumulada (*rain-on-snow*)— amenaza con activar crecidas de magnitud decamilenaria en los valles andinos. Ante el avance inminente de episodios climáticos acentuados por el "Super Niño", la atención técnica y política del país se desplaza hacia la infraestructura más crítica de la megaminería: los diques de colas. Estas megaestructuras, destinadas a contener millones de toneladas de residuos líquidos y sólidos del procesamiento mineral, representan hoy la máxima vulnerabilidad hidrogeológica en las provincias cordilleranas.

El mapa del riesgo actual abarca entre 15 y 20 depósitos activos de gran escala dedicados a la minería metalífera de oro, plata y cobre, asentados a lo largo de la franja andina en San Juan, Santa Cruz, Catamarca y Jujuy. En este ecosistema de alta montaña destacan obras colosales como el depósito de relaves de Veladero en San Juan, operando a más de 4.000 metros de altitud bajo regímenes climáticos extremos, y el histórico dique de Bajo de la Alumbrera en Catamarca, cuya magnitud y prolongado tiempo de asentamiento lo convierten en un laboratorio crítico para los planes de cierre operacional en la región.

El peligro latente, sin embargo, adquiere un matiz aún más severo en el inventario de pasivos ambientales: varias decenas de depósitos de relaves pequeños y medianos pertenecientes a explotaciones antiguas o directamente abandonadas, entre los que sobresalen la Mina La Concordia en Salta y Castaño Viejo en San Juan. En estos sitios desprovistos de mantenimiento activo, la degradación del tiempo sobre los muros de contención incrementa el peligro de colapsos estructurales o episodios masivos de drenaje ácido de roca frente a correntadas extraordinarias.

"El agua fuera de control es el enemigo natural número uno de la estabilidad geotécnica. Un evento extremo no solo satura el terreno, sino que compromete la resistencia estructural de presas que no hayan sido diseñadas para escenarios hidrológicos atípicos", advierten especialistas en geohielos y riesgos geotécnicos vinculados al Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR).

Desde la perspectiva de la ingeniería geotécnica, la amenaza del Super Niño no se limita a un simple sobrepaso de agua. El verdadero mecanismo de falla reside en la pérdida de la playa de relaves —la franja seca necesaria para amortiguar el impacto del oleaje y separar el agua clara del muro de contención— y en el fenómeno de licuefacción estática o dinámica, donde el incremento descontrolado de la presión de poros dentro del cuerpo del dique reduce a cero la resistencia del suelo, provocando la licuefacción del material depositado.

Para contener este riesgo, la ingeniería moderna impone recálculos hidrológicos orientados a la Crecida Máxima Probable (CMP) con períodos de retorno de 10.000 años, el sobreelevamiento preventivo del borde libre (*freeboard*) para evitar la erosión interna por sobreflujo (*overtopping*), y la ampliación de los vertederos de demasía de alta capacidad para desviar la escorrentía externa de la cuenca antes de que ingrese a la cubeta. No obstante, la tendencia global y la verdadera reconversión de resiliencia climática viran hacia el filtrado y secado de relaves (*dry stacking*), eliminando el agua como vector principal de falla; una solución idónea para nuevos desarrollos, aunque de compleja y costosa adaptación para depósitos en pulpa húmeda ya maduros.

En el plano normativo y de gobernabilidad, el escenario expone tensiones institucionales complejas. Si bien el marco regulatorio nacional se fundamenta en la Ley General del Ambiente N° 25.675 y la Ley N° 24.585 de Protección Ambiental Minera (incorporada al Código de Minería), la potestad sobre los recursos naturales y la fiscalización ambiental recae de forma exclusiva en los gobiernos provinciales conforme al Artículo 124 de la Constitución Nacional. La falta de una Ley Nacional de Cierre de Minas y Pasivos Ambientales unificada genera una dispersión de exigencias según la jurisdicción, obligando a provincias como San Juan o Catamarca a dictar normativas locales para llenar el vacío legislativo federal.

"Las empresas operadoras en el país trabajan bajo estándares internacionales cada vez más rigurosos. La adopción de auditorías de tercera parte e instrumentación continua en tiempo real es clave para garantizar la transparencia ambiental ante la sociedad", señalan desde la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) al ser consultados sobre los protocolos preventivos ante tormentas extremas.

Para blindar operativamente los depósitos activos, las provincias comienzan a exigir de forma progresiva las directrices del Estándar Industrial Global sobre Gestión de Relaves (GTSM), imponiendo monitoreos geotécnicos continuos mediante piezómetros y sensores de deformación en tiempo real.

Sin embargo, el gran dilema financiero y legal permanece en los pasivos ambientales históricos abandonados. Al no existir un operador comercial activo al cual exigir la actualización de planes de emergencia o la aplicación del GTSM, la responsabilidad técnica y económica de ejecutar obras de consolidación geotécnica recae directamente sobre las arcas provinciales. Ante la inminencia de tormentas torrenciales inducidas por el Super Niño, la velocidad con la que los Estados provinciales y las empresas mineras refuercen estas barreras definirá la frontera entre una gestión preventiva de infraestructura o un desastre ambiental irreversible en las cuencas hídricas del país.

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