El pacto del agua: Tres provincias desafían la inercia política ante la amenaza de un nuevo 'Super Niño'

Comunidades Seguras26 de junio de 2026RNRN

RESISTENCIA, Argentina. – Hay regiones del mapa que no entienden de límites políticos, sino de los caprichos de la naturaleza y del agua. Los Bajos Submeridionales, ese inmenso ecosistema de humedales que devora entre ocho y nueve millones de hectáreas en el norte argentino, es una de ellas. Allí, donde Chaco, Santa Fe y Santiago del Estero se desdibujan en un suelo indómito, el fantasma del cambio climático ha dejado de ser una profecía de escritorio para convertirse en una urgencia de supervivencia.

Ante la inminencia de un fenómeno de El Niño que amenaza con manifestarse con una virulencia inusitada —un "Super Niño" de precipitaciones torrenciales y picos térmicos—, los líderes de las tres provincias han decidido romper con la histórica inercia burocrática del federalismo interior. En una cumbre de alta tensión técnica y política celebrada en Resistencia, el mandatario chaqueño Leandro Zdero, su par santafesino Maximiliano Pullaro, y el representante santiagueño Elías Suárez, sellaron un pacto de contingencia que busca alterar un destino que parecía escrito en el barro.

El encuentro, que contó con el soporte estratégico y financiero de Ignacio Lamothe, secretario general del Consejo Federal de Inversiones (CFI), y delegados de la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación, no tuvo el tono de las habituales declaraciones de buena voluntad. La atmósfera reflejaba la gravedad de una geografía habitada por miles de pequeños productores y comunidades vulnerables que, cada pocos años, ven cómo sus vidas quedan sepultadas bajo el agua o asfixiadas por la sequía.

La estrategia inmediata radica en la creación de un consejo de monitoreo interprovincial con jurisdicción sobre la totalidad de la cuenca hídrica. Este organismo se apoyará en una red de 54 estaciones hidrometeorológicas automatizadas que ya generan datos en tiempo real, transformando el histórico azar de la meteorología rural en una toma de decisiones basada en la ciencia de datos socioambientales y productivos. El objetivo es claro: un manejo inteligente y anticipatorio que minimice el impacto sobre las poblaciones y proteja el cordón productivo.

Leandro Zdero fue tajante al recibir a la comitiva, advirtiendo que, si bien los planes a mediano y largo plazo delineados desde el convenio de 2020 siguen vigentes, la crisis actual exige reaccionar con velocidad de cirujano. Sus palabras resonaron con fuerza al señalar que el sector productivo es el principal aliado para el crecimiento, pero que hoy se encuentra indefenso ante la magnitud de lo que viene. La urgencia obliga a desplegar obras de mitigación antes de que las nubes descarguen un volumen hídrico inmanejable en lapsos de tiempo extremadamente cortos.

Para Maximiliano Pullaro, la clave reside en un doble juego de la ingeniería del Estado. El mandatario santafesino argumentó que es indispensable ganar hectáreas productivas generadoras de valor y riqueza mediante infraestructura de fondo, pero admitió con realismo que las próximas semanas exigen una política de choque a corto plazo. Es la cruda admisión de que la infraestructura moderna a menudo corre detrás de los plazos que dicta un clima alterado globalmente.

Por su parte, Elías Suárez resumió el desafío desde la perspectiva del manejo ético y administrativo del territorio, recordando que la obligación primera del funcionariado es amortiguar el golpe sobre las poblaciones vulnerables y ordenar un recurso que, paradójicamente, pasa de la escasez extrema a la abundancia destructiva en cuestión de meses.

El acuerdo firmado en las últimas horas profundiza la aplicación del Plan Director de los Bajos Submeridionales, un mapa de ruta que busca blindar una región postergada. Mientras los técnicos calibran las alertas de las estaciones automáticas y los gobernadores coordinan presupuestos de emergencia, los habitantes de los Bajos miran al cielo. Saben que esta vez, al menos, la política institucional intenta anticiparse al rugido del agua.

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