El Dilema del Shale: Entre el Récord Operativo y el Éxodo Estratégico de las Multinacionales

El repliegue de Shell del proyecto Argentina LNG y la revisión de sus activos en Neuquén exponen las fallas estructurales de un yacimiento que, pese a su geología de clase mundial, lucha contra costos sistémicos y cuellos de botella logísticos.

Minería & Energia23 de enero de 2026RNRN
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La formación Vaca Muerta, el segundo reservorio de gas no convencional más grande del mundo y el cuarto en petróleo, atraviesa una paradoja técnica sin precedentes. Mientras los niveles de fractura alcanzan picos históricos y la eficiencia por pozo compite directamente con la cuenca de Permian en Estados Unidos, el tablero corporativo internacional comienza a mostrar señales de fatiga. La reciente noticia de que Shell no solo se retira del megaproyecto de licuefacción Argentina LNG, sino que también evalúa la venta de sus activos de "upstream" en la cuenca neuquina, ha encendido las alarmas sobre la sostenibilidad del modelo de inversión extranjera directa en el sector.

El retiro de gigantes como Shell, que se suma a la salida previa de Petronas del proyecto de GNL, no responde a una falta de calidad del recurso. Geológicamente, Vaca Muerta es "la joya" de la corona; sin embargo, los indicadores técnicos revelan que la rentabilidad del proyecto se encuentra hoy asediada por tres factores determinantes: la volatilidad de los precios internacionales, la escala de costos operativos locales y la incertidumbre en la infraestructura de evacuación.

Luces y Sombras: El Techo de Cristal de la Eficiencia

En el plano de las "luces", Vaca Muerta ha logrado reducir el costo de equilibrio (breakeven) de sus pozos de petróleo a niveles de entre 35 y 40 dólares por barril, una cifra altamente competitiva. La curva de aprendizaje de las operadoras ha permitido perforar ramas laterales cada vez más extensas con mayor densidad de etapas de fractura. No obstante, estas victorias técnicas chocan contra las "sombras" de una macroeconomía que todavía no garantiza el libre flujo de capitales y dividendos, un requisito sine qua non para empresas que operan con presupuestos globales y deben decidir si invertir un dólar en Argentina o en las costas de Guyana o Brasil.

Técnicamente, el abandono del proyecto Argentina LNG por parte de Shell evidencia una lectura pragmática del mercado global del Gas Natural Licuado. Para que Vaca Muerta sea un jugador global, requiere una inversión estimada en 30.000 millones de dólares en plantas de licuefacción y gasoductos adicionales. Sin la participación de múltiples socios de gran envergadura, el riesgo financiero se vuelve prohibitivo para una sola compañía, incluso para la estatal YPF.

Lo que falta: Hacia un Desarrollo Sistémico

Para que Vaca Muerta deje de ser un proyecto de "nichos de eficiencia" y se convierta en una potencia exportadora constante, el desarrollo debe superar la fase de la mera extracción. Los indicadores señalan que la falta de una infraestructura de transporte robusta (midstream) sigue siendo el principal cuello de botella. Aunque el Gasoducto Néstor Kirchner ha aliviado la demanda interna, la exportación a gran escala requiere de una red de ductos hacia el Atlántico y el Pacífico que hoy solo existe en planos.

Asimismo, la industria reclama una convergencia de los costos laborales y logísticos con los estándares internacionales. Los insumos importados para el fracking, sumados a las complejidades del régimen impositivo local, generan un "sobrecosto argentino" que erosiona los márgenes de beneficio en un contexto donde el petróleo Brent muestra signos de inestabilidad ante la transición energética global.

El posible éxodo de Shell marca el fin de la etapa de "exploración y posicionamiento" y el inicio de una era donde solo sobrevivirán aquellos actores capaces de soportar la exposición a un riesgo país elevado a cambio de un recurso excepcional. Para mejorar el desarrollo, el desafío ya no es técnico —la ingeniería ya domina la roca— sino institucional y logístico. Vaca Muerta necesita dejar de ser una promesa geológica para transformarse en una plataforma logística previsible. Sin seguridad jurídica y una infraestructura de transporte que acompañe la velocidad de las perforadoras, la "joya" corre el riesgo de quedar bajo tierra, mientras el capital global busca horizontes con menos fricción.

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