América Latina ante el espejo: El ambicioso tablero de Ciudad de Panamá y los desafíos de una unidad pendiente

El Foro Económico Internacional 2026 cierra con una asistencia récord de 6.500 líderes, proyectando una región que busca desesperadamente un bloque común frente a un orden global en plena reconfiguración.

Finanzas sostenibles31 de enero de 2026RNRN
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La Ciudad de Panamá se convirtió recientemente en el centro gravitacional de la política y la economía regional. Bajo el auspicio de CAF —banco de desarrollo de América Latina y el Caribe—, el Foro Económico Internacional 2026 logró una proeza de convocatoria que no se veía en años: reunir a más de 6.500 líderes provenientes de 70 países, incluyendo a siete jefes de Estado y diversas figuras de la talla de premios Nobel y futuristas de renombre. Sin embargo, más allá de la espectacularidad de las cifras y el despliegue diplomático, el encuentro dejó al descubierto tanto las potencias emergentes del continente como las grietas que aún dificultan una integración real.

En el lado de las luces, el evento funcionó como una vitrina de la relevancia estratégica que América Latina reclama en el escenario actual. La presencia de mandatarios de diversas orientaciones políticas, desde Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil hasta el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, junto a líderes de Colombia, Ecuador, Bolivia, Guatemala y Jamaica, sugiere que existe un consenso implícito sobre la necesidad de dialogar por encima de las barreras ideológicas. Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de CAF, insistió en que el rol de la institución ha mutado de ser un simple prestamista a convertirse en un puente político indispensable. Este foro no fue solo una sucesión de discursos, sino un mercado de ideas y negocios donde se concretaron más de 400 reuniones bilaterales y se utilizó la tecnología para fomentar un networking masivo, demostrando que la región está hambrienta de inversiones y alianzas que traduzcan la teoría en bienestar tangible.

La incorporación de temas de vanguardia como la inteligencia artificial, analizada por el físico Michio Kaku, y las claves del crecimiento institucional discutidas por los Nobel James Robinson y Philippe Aghion, dotó al encuentro de una profundidad académica que suele faltar en las cumbres puramente políticas. América Latina parece haber entendido que no puede seguir compitiendo solo con materias primas, sino que debe insertarse en la economía del conocimiento y la transición energética si desea romper el ciclo de estancamiento que la ha caracterizado en las últimas décadas.

No obstante, tras el brillo de las conferencias y los apretones de manos, también se proyectaron sombras que invitan a la cautela. El propio lema de trabajar más en las coincidencias que en las diferencias es, en sí mismo, un reconocimiento de que la fragmentación sigue siendo el mayor lastre del continente. A pesar de la presencia récord de líderes, la ausencia de una voz única y cohesiva frente a los organismos internacionales sigue siendo evidente. Mientras que otras regiones del mundo avanzan hacia bloques económicos y normativos sólidos, América Latina todavía se debate en diálogos que, aunque masivos, a menudo carecen de mecanismos vinculantes para ejecutar las promesas de integración.

El desequilibrio regional también fue un tema latente. Se mencionó que la heterogeneidad de la zona puede ser fuente de innovación, pero en la práctica, las brechas de infraestructura y estabilidad institucional entre los países participantes siguen siendo abismales. El riesgo de que estos foros se conviertan en burbujas de optimismo diplomático es real si no se logra que la "movilización" mencionada por los organizadores permee hacia las políticas públicas internas de cada nación. La verdadera prueba del éxito de este encuentro en Panamá no reside en la cantidad de asistentes o en el impacto en redes sociales, sino en si los puentes tendidos hoy lograrán sostener el peso de las crisis sociales y económicas que persisten fuera de los salones de convenciones.

En definitiva, el Foro CAF 2026 ha demostrado que América Latina tiene la capacidad de convocatoria y el potencial intelectual para liderar debates globales. La región ha dejado de ser un espectador pasivo para intentar diseñar su propio futuro. El desafío ahora es evitar que este impulso se diluya en la retórica y lograr que esa "voz más fuerte" que se buscó en Panamá sea escuchada no solo por su volumen, sino por la solidez de sus acciones conjuntas.

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