
¿Pueden los líderes empresariales de Argentina y la Región darse el lujo de restar importancia al riesgo climático?
RN
Las empresas Argentinas y de la región se enfrentan a graves perturbaciones en múltiples frentes: tensiones comerciales y guerras territoriales, inestabilidad macroeconómica y política, y costes energéticos y de vida persistentemente elevados. Ante este panorama, muchos líderes empresariales priorizan la supervivencia a corto plazo en lugar de la sostenibilidad a largo plazo. Pero ¿podría restar importancia al riesgo climático hoy perjudicar la competitividad del futuro?
La amenaza de la inacción es cada vez mayor. La ola de calor veraniega en Argentina durante el ciclo 2024/25 registró picos de calor historicos para la temporada, además de incendios forestales que arrasaron más de un millón de hectáreas.
Las empresas no pueden permitirse el lujo de esperar, especialmente aquellas en sectores con gran intensidad de capital. Nuestro análisis revela que las empresas de telecomunicaciones promedio se enfrentan a pérdidas de hasta 830 millones de dólares anuales debido a la sensibilidad de los centros de datos y la infraestructura de red al calor extremo. Las pérdidas previstas para las empresas regionales de servicios públicos (hasta aproximadamente 581 millones de dólares) y de energía (aproximadamente 143 millones de dólares) también son significativas.
La magnitud del impacto debería preocupar a todos los líderes empresariales. Sin embargo, mientras lidian con el aumento de los costos derivado de la transición energética, las limitaciones de capacidad de los centros de datos, las tensiones comerciales y otras disrupciones, ¿cuál es la gravedad del riesgo?
Para clarificar dicha situación tuvimos la oportunidad de charlar con Peter Sundheimer, titular del programa City Risk-70 quien mencionó que a pesar de los crecientes riesgos, existe una tendencia a considerar la adaptación al cambio climático como una preocupación a largo plazo, especialmente dada la prioridad que Argentina y Brasil otorgan a la competitividad económica. Sin embargo, ambas cuestiones no son mutuamente excluyentes: se estima que cada dólar invertido en resiliencia climática genera entre 2 y 19 dólares de retorno. Un plan de contingencia sólido para fallos en la red eléctrica, por ejemplo, puede prevenir interrupciones catastróficas en las empresas; la reorientación de la I+D puede generar nuevas fuentes de ingresos en mercados sostenibles emergentes y de rápido crecimiento.
Por tal motivo, Sundheimer destacó la necesidad de que las empresas junto a los Gobiernos Locales conformasen cuanto antes los consejos consultivos empresariales de gestión de riesgo con la finalidad de identificar y avanzar con la priorización de obras necesarias para las diferentes regiones.
Para finalizar, hay mucho en juego. A medida que se intensifican los riesgos climáticos, la infraestructura física se deteriorará, las cadenas de suministro se fracturarán y los mercados cambiarán, poniendo en peligro vidas y medios de subsistencia. En Argentina y la región, la presión por priorizar el rendimiento financiero a corto plazo es fuerte, pero las empresas que no integren la resiliencia climática en su estrategia verán erosionada su posición competitiva.


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