Sismicidad y Crisis Climática: El Desafío Estructural de las Presas de Relave en Argentina

Análisis de la Vulnerabilidad Geotécnica ante el Incremento de Fenómenos Hidrometeorológicos Extremos en los Andes.
Minería & Energia27 de enero de 2026RNRN
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​En el actual escenario de expansión minera que atraviesa Argentina, con proyectos de cobre y litio escalando hacia una fase operativa crítica este 2026, la seguridad de las presas de relave ha dejado de ser una cuestión meramente técnica para transformarse en una prioridad de seguridad nacional. Estas megaestructuras, diseñadas para confinar los residuos sólidos y líquidos del procesamiento minero, enfrentan hoy una presión sin precedentes. La estabilidad de estos depósitos en el territorio argentino se encuentra bajo la lupa debido a una combinación de factores geológicos intrínsecos y una nueva dinámica climática que parece desbordar los modelos estadísticos con los que fueron originalmente proyectadas.

​La realidad del estado actual de estas estructuras en el país es heterogénea. Si bien Argentina ha adoptado estándares internacionales más rigurosos tras desastres globales recientes, el parque de presas activas y pasivos mineros presenta niveles de riesgo diferenciados. El principal desafío radica en que la mayoría de los diseños históricos se basaron en registros de recurrencia climática que hoy resultan obsoletos. La infraestructura de relaves en las provincias de la cordillera y el noroeste no solo debe lidiar con la sismicidad natural de la región, sino con un régimen de precipitaciones que ha mutado hacia eventos de intensidad extrema en periodos muy cortos, conocidos como fenómenos hidrometeorológicos recurrentes, los cuales no fueron contemplados con la severidad actual durante las fases de diseño original.

​La exposición ante eventualidades climáticas y sismológicas es particularmente crítica en provincias como San Juan, Catamarca y Salta. En San Juan, la alta peligrosidad sísmica es una constante que exige verificaciones de estabilidad dinámica ante posibles procesos de licuación de los materiales depositados. Por su parte, en Catamarca y el Noroeste Argentino (NOA), la vulnerabilidad se desplaza hacia el riesgo de desbordamientos por crecidas repentinas. La orografía de estas regiones facilita que tormentas excepcionales generen caudales que superen la capacidad de las "revanchas" o bordes libres de las presas. El riesgo no es solo el colapso estructural, sino la erosión interna provocada por la infiltración no controlada de aguas pluviales, lo que podría derivar en la liberación de efluentes con alta carga de metales pesados o reactivos químicos hacia las cuencas hídricas superficiales y subterráneas.

​A pesar de la existencia de controles estatales y auditorías externas que buscan mitigar estas amenazas, existe una brecha técnica preocupante. Históricamente, la ingeniería de presas en Argentina se centró en la resistencia ante el "Sismo Máximo Creíble", una variable geológica relativamente previsible dentro de ciertos parámetros. Sin embargo, la recurrencia de amenazas hidrometeorológicas extremas —como aludes, lluvias torrenciales en zonas áridas y cambios drásticos en los ciclos de deshielo— se ha convertido en el "cisne negro" de la seguridad minera. Estas variables climáticas introducen una incertidumbre que los sistemas de drenaje y vertederos de emergencia actuales podrían no ser capaces de gestionar, dejando a las comunidades aguas abajo y a los ecosistemas locales en un estado de vulnerabilidad latente frente a una posible falla en cascada.

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