
Mendoza y el Fondo del Resarcimiento: Conectividad Territorial vs. Disputa por la Rentabilidad Social de las Obras
RNMendoza y el Fondo del Resarcimiento: Conectividad Territorial y Dilemas sobre la Rentabilidad de la Inversión Pública
El panorama de la infraestructura en la provincia de Mendoza atraviesa una transformación profunda a partir de la reasignación de los recursos originalmente destinados a la megaobra hidroeléctrica Portezuelo del Viento. La firma de la adenda con el Gobierno Nacional liberó un paquete de capitales históricos que asciende a los mil veintitrés millones de dólares, un capital acumulado para resarcir los perjuicios económicos que la Promoción Industrial de provincias vecinas ocasionó en el entramado productivo local durante décadas. En un contexto nacional caracterizado por la parálisis casi total de la obra pública, el Poder Ejecutivo provincial, liderado por Alfredo Cornejo, estructuró un plan que contempla más de cincuenta proyectos viales, hídricos y de transporte, comprometiendo de manera temprana cerca del setenta y cinco por ciento del total del fondo.
La puesta en marcha de estas licitaciones busca no solo sostener el empleo en el sector de la construcción mediante políticas contracíclicas, sino también recomponer venas logísticas vitales que comunican los oasis productivos. Entre las intervenciones de mayor escala territorial resalta la repavimentación integral de la Ruta Nacional 143 en el sur mendocino, la adecuación geométrica y de capacidad en nudos críticos de los Accesos Este y Sur, y el diseño del Tren de Cercanías del Este, proyectado para enlazar los departamentos de Maipú y San Martín. En paralelo, la matriz de inversión destina partidas sustanciales al saneamiento e irrigación, incorporando la presurización de canales históricos y la construcción de acueductos en zonas con severo estrés hídrico, como los sistemas proyectados para el Valle de Uco y el Gran Mendoza.
Desde una perspectiva técnico-económica, el núcleo del debate radica en la tensión entre la macro-eficiencia de largo plazo y la capilaridad de la inversión a corto plazo. Instituciones de análisis macroeconómico, entre las que destaca el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea, han planteado reparos técnicos respecto a los criterios de selección de las obras. La crítica principal se fundamenta en la teoría de la rentabilidad social del capital: al tratarse de un fondo de naturaleza extraordinaria y no recurrente, la teoría fiscal sugiere que los recursos debieron concentrarse de forma unívoca en grandes hitos de infraestructura energética o logística transformadora, capaces de alterar positivamente el Producto Bruto Geográfico provincial y generar retornos fiscales propios mediante regalías o tarifas de uso.
Bajo este enfoque analítico, la fragmentación del presupuesto en decenas de obras menores, como colectores cloacales urbanos, refuncionalizaciones de espacios públicos o bacheos municipales, genera un fenómeno de atomización del capital. Este proceso reduce el impacto multiplicador de la inversión debido a que los recursos extraordinarios terminan absorbiendo demandas que habitualmente corresponden a presupuestos corrientes o a financiamientos multilaterales tradicionales. Los técnicos advierten que el Estado provincial asume un rol de contingencia ante la emergencia macroeconómica general, diluyendo la oportunidad histórica de financiar infraestructuras estructurales que el mercado o los presupuestos ordinarios jamás podrían costear por sí mismos.
Frente a estas objeciones de diseño financiero, la administración provincial sostiene una postura fundamentada en el federalismo interno y el retorno económico sectorial. La Subsecretaría de Infraestructura y el Banco de Inversión Pública defienden que la crisis hídrica terminal de la región otorga a las obras de Irrigación una rentabilidad económica indirecta inmediata. Modernizar redes de conducción obsoletas e impermeabilizar canales críticos estabiliza la base productiva del agro, resguardando miles de hectáreas cultivables y protegiendo el valor de la tierra. Para el oficialismo, la velocidad de ejecución y la distribución territorial de los pliegos responden a un riguroso análisis de costo-beneficio social que prioriza mitigar el colapso de la red vial heredado por la desinversión federal.
Por otra parte, la dinámica de las adjudicaciones ha generado roces con el sector corporativo intermedio. Cámaras como la Federación Económica de Mendoza han manifestado su preocupación ante informes sectoriales que reflejan una concentración de los contratos viales en un pool reducido de constructoras de gran envergadura. El argumento empresarial señala que la dispersión del fondo no se ha traducido en un derrame equitativo hacia la red de pequeñas y medianas empresas locales, limitando el impacto positivo sobre la cadena de valor regional. En respuesta, las autoridades gubernamentales apelan a las exigencias técnicas requeridas por los pliegos y a la necesidad de mantener altos estándares de competitividad y velocidad de obra en un escenario de libre mercado.
La encrucijada económica de Mendoza sintetiza un problema clásico en la asignación de recursos públicos escasos. La validez de los proyectos desde una óptica de necesidad urbana y social es innegable, dado el marcado déficit de infraestructura en los accesos y redes cloacales de la provincia. Sin embargo, el costo de oportunidad de no haber centralizado el resarcimiento en un polo energético o logístico masivo seguirá siendo el eje de discusión entre economistas y planificadores viales. El verdadero veredicto de este programa de inversión pública no se determinará por la cantidad de pliegos licitados, sino por la capacidad real de las nuevas carpetas asfálticas y los sistemas hídricos presurizados para incrementar la productividad de la economía mendocina durante las próximas décadas.




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