Bajo la Amenaza del Agua: Desafíos Sanitarios, Logística Rural y Gestión de Riesgos ante el Fenómeno de El Niño

Un análisis continuo sobre la amenaza de las crecidas extraordinarias en el Litoral argentino y la urgencia de estructurar planes BCP para mitigar las pérdidas patrimoniales y operativas en la ganadería.
Agricultura y Bioeconomía 25 de julio de 2026RNRN

La reaparición del fenómeno meteorológico de El Niño vuelve a situarse en el centro del mapa de vulnerabilidad productiva en el noreste argentino, proyectando un escenario de elevadas precipitaciones y crecidas fluviales severas para el Litoral. La perspectiva climática para las provincias de Corrientes, Misiones, Chaco y Entre Ríos anticipa caudales extraordinarios en los ríos Paraná y Uruguay, a la vez que se esperan tormentas de gran intensidad concentradas en breves lapsos temporales. Esta combinación de factores hidroclimáticos impone una prueba de fuego para los esquemas de continuidad operativa del sector ganadero, exponiendo a las explotaciones agropecuarias a un abanico de riesgos interconectados que van mucho más allá del daño directo e inmediato provocado por la corriente de agua.

1. El Complejo Espectro del Riesgo Climático e Histórico

El riesgo derivado de las inundaciones en las cuencas productivas del Litoral no responde únicamente al avance violento de los cauces principales sobre los potreros bajos o las zonas insulares. Existe también una amenaza persistente asociada a la anegación pluvial interna, la cual ocurre cuando las precipitaciones locales sobrepasan la capacidad natural de drenaje de los suelos. La experiencia acumulada tras las grandes crecidas históricas que afectaron a la región en los años 2017 y 2019 demuestra de manera categórica que las pérdidas patrimoniales más severas no se originan por la falta de recursos físicos, sino por la ausencia de un plan de contingencia previo y formalmente estructurado.

Cuando la crecida se materializa sin una preparación adecuada, la mortandad directa por ahogamiento suele combinarse con cuadros severos de hipotermia, hacinamiento y agotamiento físico de los rodeos. Además, la pérdida masiva de la condición corporal del ganado se agrava por el anegamiento de las pasturas naturales y la imposibilidad de reponer forraje seco en terrenos aislados. Este escenario de aislamiento se transforma rápidamente en un riesgo logístico mayor, puesto que la intransitabilidad repentina de los caminos rurales corta de raíz las cadenas de suministro de alimento balanceado, combustible e insumos veterinarios esenciales, dejando a los establecimientos sin margen de maniobra.

2. Sanidad Animal y Vulnerabilidades Biológicas en Emergencia

A la par de la crisis logística, el factor sanitario emerge como uno de los mayores vectores de depreciación del valor de los activos ganaderos durante y después del evento climático. La exposición prolongada a suelos anegados y el barro constante erosionan la resistencia de los cascos de los animales, desencadenando cuadros masivos de afecciones podales como el pietín, enfermedad que inhabilita los desplazamientos del rodeo e impide su alimentación normal. De forma paralela, el exceso de humedad e inundación genera las condiciones ambientales óptimas para la contaminación bacteriana de las fuentes tradicionales de agua para consumo, incrementando notablemente la incidencia de enfermedades infecciosas y zoonóticas de alto impacto como la leptospirosis.

Por otro lado, la fase de repliegue y descenso paulatino de las aguas plantea sus propios desafíos epidemiológicos. La humedad residual estancada y el aumento de las temperaturas crean un nicho idóneo para la eclosión masiva de parásitos y vectores, favoreciendo la dispersión de la garrapata bovina y la consecuente aparición de brotes mortales de anaplasmosis y babesiosis. A este cuadro de riesgo biológico se suma la interacción involuntaria con la fauna silvestre regional; mamíferos, reptiles y aves desplazados por la crecida buscan refugio en las mismas lomas y albardones ocupados por el ganado y las instalaciones humanas, lo que exige extremar los cuidados, evitar la manipulación o agresión a las especies protegidas y notificar su presencia a las autoridades de Parques Nacionales y Defensa Civil.

3. La Dimensión Burocrática y la Garantía de Trazabilidad

Un aspecto crítico dentro de la gestión integral de riesgos, y que frecuentemente resulta subestimado por los administradores rurales, es la regularización administrativa y documental del establecimiento antes de la irrupción del desastre. El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) resalta que la trazabilidad oficial constituye el pilar fundamental para sostener la operatividad jurídica del establecimiento. Mantener al día la declaración del stock ganado real dentro del Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios (RENSPA) es la condición indispensable para que el productor sea incluido en los padrones oficiales de emergencia, habilitando el acceso a beneficios impositivos, subsidios de recomposición productiva y la asignación prioritaria de forraje de asistencia estatal.

La agilidad en la gestión de la Documentación para el Tránsito Animal electrónico (DT-e) representa la diferencia entre una evacuación fluida y el colapso operativo en los caminos de salida. Ante la inminencia de una crecida, la demanda de guías electrónicas suele saturar las oficinas tradicionales, por lo que las autoridades prevén la instalación preventiva de puestos sanitarios móviles en puntos estratégicos sobre rutas nacionales y en las sedes de las Sociedades Rurales. Contar con los datos del establecimiento debidamente actualizados permite solicitar estas guías de tránsito de emergencia sin demoras, garantizando un desplazamiento legal y coordinado de las tropas hacia áreas libres de inundación o centros de engorde a corral.

4. Protocolo Operativo y Continuidad de Negocio

La respuesta operativa frente a la amenaza inminente de una crecida debe articularse mediante un protocolo temporal claro que anticipe los eventos de mayor impacto. En la fase de pre-emergencia, el foco del administrador debe concentrarse en la cartografía de riesgos del propio predio, identificando las lomas de mayor altitud y los potreros de parición no inundables, al tiempo que se negocian campos de pastaje externo o corrales de engorde en zonas seguras. Esta preparación inicial debe acompañarse de un acopio preventivo de reservas forrajeras secas y productos veterinarios esenciales, garantizando la autonomía del establecimiento frente al riesgo inminente de corte de caminos.

Al ingresar en la ventana crítica de 24 a 48 horas previas al arribo de la masa de agua, el protocolo exige iniciar la marcación visual rápida de los animales utilizando pintura en aerosol de uso veterinario aplicada sobre el lomo, lo que permite la identificación a distancia del rodeo en caso de mezcla involuntaria en terrenos comunitarios. La movilización del ganado debe realizarse de manera progresiva y en tropas reducidas para minimizar las tasas de estrés y evitar estampidas peligrosas al atravesar cursos de agua o zonas pantanosas. Si la velocidad de la crecida o la falta de transporte imposibilitan la evacuación fuera del establecimiento, la directriz operativa absoluta consiste en abrir todas las tranqueras y alambrados internos, permitiendo que los animales ejerzan su instinto natural de búsqueda de terrenos elevados, estando terminantemente prohibido mantener ganado atado o encerrado en corrales bajos.

En conclusión, la amenaza recurrente del fenómeno de El Niño en el Litoral argentino pone de manifiesto que la supervivencia de las empresas ganaderas no depende de la suerte ni de la capacidad de reacción improvisada en medio de la crisis. La implementación sistemática de un Plan de Continuidad del Negocio (BCP) —que integre la previsión documental, la logística de evacuación anticipada y un estricto control sanitario posterior a la inundación— constituye la principal herramienta para salvaguardar el capital productivo, garantizar el bienestar animal y asegurar la sostenibilidad financiera de las explotaciones agropecuarias frente al desafío del cambio climático.

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