
Los aeropuertos de América Latina y EEUU no están preparados para el Cambio Climático.

Es ya indudable que el cambio climático está inducido por el ser humano, que incluye eventos extremos cada vez más frecuentes e intensos y que ha causado impactos adversos generalizados y pérdidas y daños relacionados con la naturaleza y las personas, más allá de la variabilidad natural del clima.
El calentamiento global, que alcanzará 1,5ºC a corto plazo, provocará un aumento inevitable de esos peligros climáticos y presentará múltiples riesgos para los ecosistemas y los seres humanos. El nivel de riesgo dependerá de las tendencias concurrentes a corto plazo de la vulnerabilidad, la exposición, el nivel de desarrollo socioeconómico y la adaptación, pero está claro que los impactos y riesgos del cambio climático son cada vez más complejos y difíciles de gestionar.
El cambio climático afecta al sector del transporte de muchas maneras y en todas las fases del ciclo de vida de las infraestructuras: planificación, diseño, construcción y operación. La mayoría de los impactos están
relacionados con los fenómenos meteorológicos e hidrológicos extremos que probablemente se producirán con más frecuencia en el futuro debido los efectos del calentamiento global.
Estas manifestaciones del cambio climático pueden afectar de manera muy negativa tanto en el propio servicio de transporte, en su fiabilidad y en su seguridad, como en los componentes de la propia infraestructura.
Según un informe realizado por IATA, las evaluaciones realizadas hasta el momento en Latino América indican que el sector del transporte podría verse muy afectado por una subida de las temperaturas del orden de magnitud previsto de forma directa. Sin embargo, los daños más frecuentes e intensos serían los derivados de las lluvias extremas e inundaciones, que pueden comprometer la estabilidad de las plataformas, taludes, sistemas de drenaje y los firmes de rodaje. En relación con el incremento de temperaturas destaca como uno de los efectos directos, la afección a la operatividad de los aeropuertos y el deterioro de los firmes; también derivado de la mayor aridez y de las olas de calor. De manera indirecta, el aumento del riesgo de incendios podría afectar notablemente tanto a la gestión y explotación como a la conservación de las propias infraestructuras.
De igual forma, el resto de los fenómenos meteorológicos como nieblas, tormentas, olas de frío extremo, etc., afectarán de manera intensa e impredecible a las infraestructuras del aerotransporte, tanto a su servicio como a sus componentes.
Por su parte, Peter Sundheimer, Secretario Ejecutivo del Programa Red de Ciudades Emergentes destacó la necesidad de que toda la comunidad aeronáutica, desde operadores, pilotos, gestores aeroportuarios, fabricantes y delegados de la seguridad junto a los Gobiernos Locales y Nacionales desarrollen un modelo de plan de Gestión Integral de Riesgos el cual sea revisado periódicamente.
Finalmente Sundheimer, instó a los Gobiernos Locales de América Latina y EEUU a involucrarse de manera activa en la gestión de riesgos de la infraestructura aeroportuaria, con el fin de centrarse en fortalecer la infraestructura aérea para asegurar mecanismos de rescate eficaces y cadenas de suministro sostenibles.
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