
El dilema del derrame exportador: ¿puede el NOA transformar la bonanza externa en empleo y salarios?
RNLa disparidad sectorial que atraviesa la economía argentina tiene un correlato implacable a nivel regional. Contar con sectores "estrella" vinculados a la venta externa ya no es garantía de bonanza generalizada ni de un impacto positivo automático en los bolsillos de los trabajadores.
Mientras los datos oficiales del INDEC reflejan caídas profundas en el consumo privado, la inversión y el gasto público, las miradas se posan sobre las provincias exportadoras. Un reciente informe del IERAL de la Fundación Mediterránea analizó el desempeño de seis distritos clave y dejó una radiografía inapelable: solo una provincia en todo el país logra trasladar el boom exportador hacia una mejora amplia en salarios y actividad (Neuquén, al amparo absoluto de Vaca Muerta), mientras que en el resto el impacto es acotado, nulo o está severamente condicionado por desequilibrios estructurales.
Este escenario abre un interrogante ineludible y metodológicamente urgente para el norte argentino: ¿Pueden Santiago del Estero y Tucumán romper la inercia del modelo y lograr que las divisas derramen de verdad, o están condenadas a ser meras factorías sin impacto local?
Más allá del espejo patagónico: el error de encasillar a las economías regionales
El estudio del IERAL evaluó a distritos con perfiles primario-exportadores duros (minería metálica, hidrocarburos masivos y agricultura pampeana extensiva) y demostró que la dinámica exportadora no se derrama de manera homogénea:
Neuquén se alza como la única excepción donde la masa salarial creció un 17%, traccionada por la energía y un encadenamiento virtuoso sobre el resto de los bienes transables.
En San Juan y Salta, la minería impulsó una suba moderada del 5% en la masa salarial, pero el beneficio quedó estrictamente acotado a ese sector y a sus proveedores directos, sin derramar hacia el comercio, la construcción o los servicios locales.
En Buenos Aires y Córdoba, pese al peso del sector agropecuario, la masa salarial cayó o se estancó, lastradas por el retroceso de la industria no agropecuaria y el desplome del mercado interno.
Santa Cruz mostró la cara más compleja: un salto del 21% en la extracción minera contrastó con un desplome del 15% en su masa salarial, arrastrado por la caída de la producción convencional de petróleo y el declive de los sectores transables tradicionales.
Sin embargo, extrapolar linealmente estas conclusiones a Santiago del Estero y Tucumán incurre en un grave error analítico. Las realidades productivas del NOA no responden a la lógica de "enclaves" capital-intensivos de la Patagonia o la cordillera minera. Ambas provincias operan sobre bases agroindustriales y regionales de altísimo peso específico: mientras que en Santiago del Estero las exportaciones primarias y agropecuarias representan un porcentaje sustancial de su producto bruto geográfico (PBG), en Tucumán el complejo citrícola y azucarero concentra un volumen exportador de inserción global ineludible, con un arraigo laboral infinitamente superior al de la industria extractiva pura.
Santiago del Estero y Tucumán: entre el potencial diferencial y los fantasmas macroeconómicos
Frente a un contexto federal fragmentado, las economías de Santiago del Estero y Tucumán miran con cautela la posibilidad de capturar el dinamismo externo, enfrentando desafíos propios que van mucho más allá de la simple falta de infraestructura logística.
1. Santiago del Estero: el peso del complejo agroindustrial, la logística y la asfixia de rentabilidad
Santiago del Estero cuenta con un peso agropecuario y forestal de relevancia (soja, maíz, carne y productos madereros) con fuerte inserción exportadora en el norte grande. No obstante, el gran desafío santiagueño no es solo la histórica restricción de costos logísticos y la falta de un sistema ferroviario competitivo, sino la pinza que imponen el retraso cambiario, la presión fiscal y el peso de las retenciones sobre la rentabilidad real de los productores.
Sin un esquema que equilibre los incentivos macroeconómicos y reactive la cadena de valor interna, el superávit comercial externo continuará transcurriendo en paralelo a un mercado de consumo deprimido, sin traducirse en subas genuinas de la masa salarial provincial.
2. Tucumán: economías regionales, alta densidad de mano de obra y el corsé fiscal
Por su parte, Tucumán posee una matriz diversificada donde convergen la agroindustria azucarera, el complejo citrícola (con el liderazgo internacional indiscutido del limón) y la producción frutihortícola.
A diferencia de la minería o los hidrocarburos, las economías regionales tucumanas tienen un componente intensivo en mano de obra infinitamente superior, lo que teóricamente otorga un potencial de derrame social y salarial mucho más alto.
Sin embargo, este diferencial se neutraliza frente a los coletazos de la macroeconomía nacional. Para que el flujo exportador logre un impacto real en los bolsillos tucumanos, los especialistas coinciden en que no basta con exportar más volumen: se requiere descomprimir la presión fiscal, rediscutir el esquema de retenciones que erosiona la competitividad regional y fomentar una densa red de proveedores locales que retenga el valor agregado en la provincia, evitando que la bonanza exterior sea una isla de dólares en medio de PyMEs ahogadas.
Conclusión: una transición pendiente hacia el desarrollo genuino
El boom exportador nacional es una realidad anclada en la energía, la minería y ciertos nichos del campo. No obstante, las experiencias provinciales demuestran que las divisas que ingresan al Banco Central no se traducen automáticamente en bienestar interno si la estructura productiva carece de eslabonamientos virtuosos y padece los desequilibrios de un mercado interno golpeado.
Para que Santiago del Estero y Tucumán logren transformar sus flujos de exportación en un motor de desarrollo amplio —capaz de traccionar salarios, empleo formal y al entramado comercial local— la clave ya no pasa únicamente por vender más al mundo, sino por corregir las distorsiones macroeconómicas, aliviar la presión sobre el sector privado y rediseñar una red de valor regional donde la exportación deje de ser una estadística fría de aduana y comience, finalmente, a derramar en tierra firme.


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