
La evaluación del riesgo climático de Argentina no tiene en cuenta la emergencia actual

El número de muertos por las inundaciones en la región de Bahía Blanca, en Argentina, ha superado los 13. Se está llevando a cabo una enorme limpieza en medio de condiciones desesperadas, con advertencias de clima severo aún vigentes. La tormentas que causó esta devastación, con rutas convertidas en ríos fangosos, miles de casas inundadas y automóviles arrastrados por montones, no tiene precedentes. A su vez tanto el polo Petroquímico y el Parque industrial se vieron totalmente afectados.
El gobierno Nacional y Provincial están siendo criticados por la falta de advertencias suficientes y no hay duda de que la gravedad de estas inundaciones fue una conmoción terrible para todos los estamentos de gobierno.
Pero en otro sentido, los acontecimientos de la semana pasada son parte de un patrón. Si bien la destrucción no tiene precedentes, el análisis de los científicos del clima es familiar. Los estudios de atribución revisados por pares, que utilizan modelos informáticos para determinar el impacto del calentamiento global en eventos específicos, toman tiempo para producirse. Pero el director ejecutivo del Programa Red de Ciudades Emergentes, Peter Sundheimer dijo que los cálculos iniciales sugieren que el aumento de las temperaturas hizo que las inundaciones de esta semana fueran dos veces más probables sumado a la falta de un programa concreto de Gestión integral de Riesgos en las diferentes cadenas de suministros.
En Argentina, una gran mayoría de la población reconoce la amenaza que suponen las alteraciones climáticas y están a favor de mejorar las políticas para afrontarla. Allí, como en gran parte del mundo, los fenómenos meteorológicos catastróficos que antes se consideraban “desastres naturales” ahora se consideran, con razón, desastres climáticos. Se necesitan urgentemente políticas que ayuden a las personas y los lugares a adaptarse a los riesgos aumentados. Parte de ello son las advertencias claras y oportunas y los planes de recuperación. Pero reducir la amenaza de fenómenos meteorológicos peligrosos, como los que azotaron Bahía Blanca y la región esta semana, sigue siendo el mayor desafío político.
Mientras la administración nacional reniega y recorta fondos necesarios para mitigar este tipo de situaciones, en su afán de reducir salvajemente costos, desconoce que por cada dólar bien invertido se ahorrarán 6 dólares en el mantenimiento de la infraestructura crítica ante eventualidades climaticas severas.
Finalmente, Sundheimer insta a los Gobiernos Locales a conformar consejos consultivos empresariales en gestión integral de Riesgos, dónde dichos consejos prioricen y articulen obras de infraestructura prioritarias para capear situaciones anómalas sean de antropicas o naturales en las diferentes regiones


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